domingo, 19 de julio de 2020

Mi segunda visita a Espantapájaros (Primera Entrega)


Este artículo fue resultado de mi segundo viaje a Espantapájaros (fue publicado en el blog originalmente en febrero de 2017). Un Jardín Infantil, un espacio de investigación en la Lectura en la Primera Infancia, una librería y más, en Bogotá, Colombia. Comenzó a escribirse en Marzo del año pasado, mientras estaba todavía rodeada de niños y gente querida. En Diciembre, apareció publicado en el blog de Espantapájaros.

Lo republico acá con unos pocos agregados, entre ellos uno muy importante,  mis agradecimientos...


GRACIAS a toda la gente de Espantapájaros que me recibió de brazos abiertos y me despidió en abrazos apretados. Especialmente a Yolanda Reyes que me dejó un camino de miguitas preparado desde el Sur para encontrar mi Norte. A mi amiga Isabel Calderón, que trabajó tanto para que esto pudiera ser posible. A las maestras que estuvieron ahí para mis preguntas y que tanto me enseñaron, especialmente a Lucía Liévano que con generosidad me introdujo a contar cuentos en pañales, dándome estímulo y confianza. A los padres que respondieron con entusiasmo las preguntas de una deconocida con tonada argentina. Pero, principalmente, a los pequeños, que me robaron el corazón, dejándome a cambio, sus más preciadas posesiones... sus libros

Mi segunda visita a Espantapájaros (Primera entrega)


                                                                     Por Pato Pereyra 


Mi profesión es la biología, eso es lo que he estudiado y de lo que vivo. Como bióloga doy clases a alumnos en el ingreso a la Universidad de Buenos Aires (los más pequeños de la UBA, que pueden tener de 18 años a 60 años), y ocasionalmente a estudiantes de la escuela Secundaria (que arrancan en los 14 años). En mi trabajo cotidiano no me encuentro con niños de tan corta edad como los que vienen al jardín infantil de Espantapájaros, por eso cuando me lo permiten, lo disfruto terriblemente. Hace ya algunos años que decidí dedicarme, como voluntaria, a la animación a la lectura. Acercar libros a lectores, sembrando poesías o cuentos, para quizás en un futuro, cosechar lectores, es una tarea que no discrimina edades. Una vez al mes, hace ya más de dos años, llevo mis libros a la plaza, como parte de “Picnic de Palabras Argentina”. Buscando provocar la lectura de libros en familia, esta iniciativa nativa de Bogotá ha ido ganando voluntades por el mundo y se ha extendido por distintas localidades de Argentina.

Esta fue mi segunda visita a Espantapájaros. El año pasado, comencé a escribir una crónica que titulé “Del llano a las alturas, de las alturas al llano”. Elegí el título pensando en la diferencia de altitud entre mi ciudad: Buenos Aires, sobre la costa del Río de la Plata, y Bogotá, ciudad en la que algunos compatriotas (me han prevenido) sufren mal de altura. Pero también hablaba de mí, de cómo lo primero que me ocurrió en Espantapájaros fue tener que abandonar mi altura (1.71 m) desde la que me erguía al hablarles a mis estudiantes adolescentes, para agacharme, arrodillarme o sentarme, durante dos semanas lado a lado con estos queridos niños. Este año me propuse volver y no solo terminar aquella crónica, sino intentar responder algunas preguntas que me surgieron en mi anterior experiencia.

El punto de partida para este trabajo fue la información que el equipo de Espantapájaros ha reunido a lo largo de varios años. En su blog y en la librería pueden encontrarse con “la lista de los libros más mordidos”. Esta información surge de las fichas que completan las profesoras, donde se anotan los libros que eligen en el Club de Lectura los niños para llevar a casa y compartir con las familias. Al revisarla, observamos muchos libros de rimas, con textos cortos, que sabemos son los preferidos de los más pequeños. Es que son ellos, con su tendencia a la repetición, los que suelen inclinar la lista según sus preferencias.

Nos preguntamos: ¿qué elecciones realizarán entonces los más grandes? Por otro lado: ¿Cómo eligen que leer, tanto los pequeños, como los mayores? ¿Son estas elecciones constantes o van variando a lo largo del tiempo? ¿Qué los hace decidirse a escoger un libro: la imagen, el tema, el autor, o todo? ¿Podría ser que niños de menos de 4 años ya tengan autores de preferencia?

Un segundo grupo de preguntas tenía relación con la forma en que leen. Sabemos que los bebés pueden leer antes de leer y queríamos explorar cómo lo hacen. Y también lo que ocurre con los niños más grandes, que llegan a Espantapájaros ¿Será que ya leen solos o prefieren hacerlo en compañía de un adulto? ¿Son capaces de compartir esas lecturas con su entorno, sus hermanos y amigos?

Espantapájaros es un jardín infantil con niños de edades desde un año y seis meses hasta cinco años y medio. Hay niños que han llegado de muy pequeños, en brazos de sus padres, abuelos y niñeras, que los traían a “Cuentos en pañales”, desde los ocho meses. Otros tienen hermanos mayores que ya han estado en el jardín. Es común entonces, encontrarse con experimentados lectores, a pesar de su corta edad. Nos propusimos hablar con ellos (y prestar atención a lo que ellos querían contarnos sin necesidad de palabras), observarlos, revisar sus fichas de préstamo y entrevistar a padres y maestros para intentar responder algunas de estar preguntas.

Las preferencias de los pequeños, pequeños (los de manos gorditas y pies rechonchos) 




La pregunta inicial: ¿Qué leen?

¿Leen los bebés? En Espantapájaros, muchos de los chicos que apenas comienzan el jardín ya han asistido al taller de Cuentos en Pañales, con lo cual a pesar de su corta edad, llevan años como lectores, o tienen hermanos mayores que sí han asistido. Esto marca una diferencia con otros niños que he visto en las actividades que realizo en la Plaza en Argentina.

En general, al llegar con los libros, y luego de acomodarlos sobre manteles, me acerco a la gente invitándola a tomar los libros. Muchas veces me ha pasado que cuando invito a padres con bebés, me responden: “¡Gracias!, pero todavía no lee” o “Gracias, pero es pequeño para los libros”.

Sin embargo estos niños, que apenas caminan, que casi no hablan, no solo leen, sino que escogen qué leer y cómo. 


Con frecuencia, al entrevistarlos, papá o mamá nos cuentan (un tanto resignados, ¿quizás hasta aburridos?), que suelen escoger libros a repetición. Eligen leer lo mismo, una y otra, y otra vez. Semana tras semana se encuentran con que su hijo ha traído el mismo libro a casa. Muchas veces, además, traen de la Biblioteca de Espantapájaros el mismo ejemplar que ya los espera en la biblioteca de su hogar. Susana, de 2 años, alumna de Ana María, realmente disfruta la lectura de Estaba la rana (un libro de pequeño formato, con texto de Paloma Valdivia e ilustraciones de Carles Ballestero de Editorial Amanuta). 



 
He podido verla en el aula, acompañando la canción y repitiendo algunas partes, disfrutándola “a cuerpo completo”. Su madre, luego de que Susi llevara varias semanas el libro a casa, decidió comprárselo. Dos días después en el Club de Lectura de los viernes, Susi volvió a escoger Estaba la rana. Cuando Ana María, su maestra, le dijo: “Escoge otro de la canasta, este ya lo tienes en casa”, Susi insistió. La vi guardándolo en su bolsa morada, para llevarlo a casa, seguramente para sorpresa de su mamá.

Será lo cotidiano, la familiaridad de lo conocido que nos brinda seguridad, o quizás se deba a que se necesitan la repetición para ir comprendiendo de a poco el sentido del texto hasta hacerlo propio. Un pequeño, que aún no descifra esas marcas en el libro, requiere para “recordar” su texto favorito repetirlo varias veces hasta aprendérselo de memoria, nos comentaba Yolanda Reyes al final del curso sobre literatura infantil “Para nombrar las emociones”.

Podría pensarse que eligen libros al azar, pero no, algunos escogen por tema: “los de animales”, o “los de dinosaurios”. Y otros tienen ya sus autores favoritos. Lorenzo (Lolo) de 22 meses (también de la sala de Ana María) semana tras semana se lleva a su casa los cuentos de Satoshi Kitamura. Entre los que repite se encuentran Perro tiene hambre, Pato está sucio o Ardilla tiene sed. Al inicio del semestre, la mamá al asistir a la primera reunión había comentado: “¡Suerte que terminaron las vacaciones, ya extrañábamos a Satoshi Kitamura!”. Dicho y hecho, en el Club de lectura, Lolo volvió a elegir los libros de ese autor. Quizás podría pensarse que en la sala no ha habido otras opciones, o que justo en la hora de cuento Ana estuvo leyéndoles sus libros, pero no. Esta semana disfruté acompañándonos en el Club de Lectura de los viernes. Durante todo el tiempo en que sus compañeros escogían que libros llevar, Lolo exploró otros autores. Leyó Buenas noches, Gorila de Peggy Rathman. Incluso se detuvo en varios libros de Eric Carle, pero cuando lo llamaron para llenar su ficha con el libro que se llevaría a casa, escogió Pato está sucio. 





Curiosamente, en estas dos semanas cuando entrevistaba padres sobre las preferencias lectoras de sus hijos, la mayoría no me mencionaba el libro por el autor. Era “el de la lombriz”, o “los de Maisy”, a veces más general aún, solo podían nombrar …”los de animales”. Uno de los pocos libros que pudieron mencionar por el título fue José Tomillo (un libro muy escogido entre los lectores mayores del que luego hablaremos). Sin embargo, la mamá de Lolo, mencionó directamente “los libros de Satoshi Kitamura”. ¿Sería muy disparatado pensar que fue Lolo con su insistencia quien le enseñó a su madre reconocer a su autor favorito?

Entre los libros más elegidos por los pequeños, pequeños, se encuentran los libros que cantan. Dice Yolanda Reyes, en la presentación de El libro que canta (Alfaguara): “Leer, en la primera infancia es una experiencia de vida. Lo que el bebé lee no es el sentido literal de las palabras sino sus ritmos y sus poderes mágicos para esperarlo, acunarlo, escribir con su cuerpo, cantar, contar y jugar con él.” Alejandra de 22 meses, de la sala de Ana María, (compañera de Susi), disfruta también Estaba la rana. Al ir pasando sus páginas, mientras Ana acompaña el texto con su voz, ella termina los versos con ajustada entonación, moviendo su cuerpo con entusiasmo. Cuando le preguntamos a sus padres por sus preferencias, nos cuentan que a Ale “Le gustan más que los libros, la música”. Dicen que disfruta de los videos que le muestran, y de las canciones que escucha en el celular. Es común que los más pequeños de Espantapájaros, escojan libros basados en nanas, o canciones, Las mañanitas, La pájara Pinta y Duerme Negrito se cuentan entre los favoritos. Es que justamente un libro puede guardar música, aun cuando no se haga oír hasta que, aquel otro, le presta su voz

Entre los que ya tienen dos años o más, ya en la Sala de Natalia, tanto Tomás (2 años y 5 meses) como Carmen (2 años) suelen también, repetir lecturas. Mientras que el primero llevó varias semanas los libros de Satoshi Kitamura, Carmen, prefiere los que tienen “hoyos”, según cuentan sus papás. Libros que permiten interactuar al lector, jugar con ellos, “meter mano” como diríamos en Argentina. Los de Taro Gomi, cuentan entre los favoritos (Hay un ratón en la casa). 






Tomás en su casa disfruta de una Enciclopedia de Animales. Y Carmen, elige también José Tomillo de Ivar Da Coll, Ardilla tiene hambre y Gato tiene sueño de Satoshi Kitamura. Otra preferencia de Carmen (y de varios niños más en Espantapájaros) son los libros de Yolanda Reyes, Ernestina la gallina (con ilustraciones de Aitana Carrasco) y Cucú (ilustrado por Cristian Turdera). 







En esta primera entrega, vemos que los pequeños de manos gorditas y pies rechonchos, leen con todo el cuerpo, se abren a la música de las palabras, eligen repetir de sus favoritos, y como los mayores, tienen sus temas y hasta sus autores de culto. Claro que tenemos mucho más que contar…

                      Dado que esta historia continuará…



domingo, 12 de julio de 2020

Leyendo Poesía


Estos son algunos de mi recorrido del año 2019.






Escogí aquellos  que fueron mis compañeros, los poemas que ofrecí con mayor frecuencia, tanto a niñas y niños, adolescentes y adultos. 

"En sus múltiples y posibles escenas de escritura, la poesía resiste el achatamiento de la percepción, la rutina de ver lo mismo, y propone nuevos enfoques, nuevas versiones de lo real activadas por la carga o la descarga subjetiva de quien escribe"
Alicia Genovese  en Leer poesía. Lo leve, lo grave, lo opaco.




El techo de los árboles
Begoña Abad
Editorial Pregunta


Begoña Abad, es una poeta española que descubrí gracias a amigas cercanas en afecto, y lejanas en kilómetros, principalmente Pepa, que alimenta mi amor por la poesía. Desde que me la presentaron no dejo de seguirla en las redes, en donde comparte sus poemas a diario. Me resultaba difícil conseguir sus libros, por lo que recibirlos a través de manos amorosas que cruzaron el océano, arropándolos, fue motivo de alegría. 

Este poema, explica muy bien por qué para mí es importante la poesía...

Poética

Escribir poemas como luciérnagas.
Llevarlos en el bolsillo
como el azucarillo para el diabético.
Leer poemas para suturar las heridas
de la desesperanza y el miedo.
Poner un poema en la frente,
debajo de la piel, en los ojos,
como una marca de lo que somos
de lo que queremos ser.


Y les dejo otro más, uno que tuvo una gran repercusión en las redes.

Vestir a mi madre

Un día sucede, sin aviso
que te agachas definitivamente
a ras del suelo,
que tocas sus pies y los descalzas,
que comienzas a mirarla desde abajo
sin verle los ojos
comienzas a vestirla y ella se deja
apoyando sus manos en tus hombros.
Y no sucede nada más,
sin embargo tu percibes su derrota,
y comienzas a amarla de otro modo,
vencida tu también, ambas vencidas,
y el tiempo comienza la cuenta atrás.


Lugares donde una no está
(poemas 1996- 2016)
Laura Wittner
Editorial Gog&Magog

Laura Wittner es una poeta y escritora argentina. Tuve el gusto de conocerla el año pasado en la Feria del Libro de BA, donde leyó  algunos. Además de poemas hay textos y traducciones. Es un libro que por su propio peso, se disfruta a lo largo del tiempo.

Salimos del café

Salimos del café,
cayó la lluvia.
Bien fuerte y bien encima.
Desplegué mi paraguas:
alcanzó para dos.
Cruzamos por el medio
sólo por esta vez:
así sujetos.
Venía un auto pero nos dejó pasar.
No es que anduvo más lento, dadivoso:
frenó, frenó del todo.

A eso me refiero.

Receta de la abuela

Dejá primero que se te llenen los oídos
de conversación y elementos metálicos
Volcá sobre esa capa los poemas impresos
y dejá que te llenen la cabeza.
Mientras tanto café, y con viento a favor
suena la alarma y manoteás la lapicera.


Fábula del gran danés

Yo dije por decir: me gustaría
tener un gran danés, porque en la calle
qué regios quedaríamos.
Él a mi lado, un novio principesco,
y yo despreocupada, conversándole.

Y se me respondió: qué estupidez,
qué proyecto imposible.
¿Quién puede mantener un gran danés?
Es grande, caro, tonto, blabalablá.

Alguien que así se expresa, pensé yo,
no te conviene. No sabe interpretar
tus devaneos. Baja el puño
sobre la fantasía salvadora.
Aléjate de él. Y me alejé.


Casi transparente
Clara Arias
Ediciones Modesto Rimba

Este es un libro que conseguí de casualidad, gracias a que Silvina de "Tierra de Libros" me lo recomendó. Un encuentro absolutamente fortuito, derivó en un libro que me acompañó en el verano de 2019. De una editorial para mí, desconocida, de una autora argentina que hace su debut con este libro de poemas. Una poesía mínima, como me gusta, pero poderosa. En donde los poemas sin título se encadenan uno al otro como si estuviéramos conversando, de la vida.

cuando tenía tres años
mi mamá decía
que yo
            era necia
ella lo decía
livianamente
como el agua
que cuando se evapora
se convierte en nube
y se desliza
hasta tapar el sol.


a veces dan ganas de copiarse
de hacerse machetes con la felicidad ajena

felicidades de domingo por la tarde
de pescar mojarritas plateadas
de mate compartido

felicidades repetidas de memoria
salimos a los que no presté atención

felicidad de fotos
en las que jamás salgo.



La materia de este mundo
Sharon Olds
Editorial Gog&Magog
Traducción: Inés Garland e Ignacio Di Tullio

Conocer a Sharon Olds, este año, y valió absolutamente la pena. Cada uno de sus poemas me atravesó completamente. En la contratapa, está la palabra de ella sobre su poesía:

"...Y me interesa la vida de todos los días. No le pido a un poema que lleve un montón de piedras en los bolsillos. Sólo quiero ser una observadora viva que siente y deja que la experiencia la atraviese, pase al cuaderno por la lapicera, a través del brazo, fuera del cuerpo, o la página, sin distorsión."

Escojo este poema que refleja tan bien lo que sentí al ser madre.

Primeras semanas

Esas primeras semanas, no sé si sabía
como amar a nuestra hija. Su cara parecía estrujada,
fruncida de preocupación -- y ni siquiera
desesperanza, sino simplemente depresión, una cara de
tenacidad. La piel del rostro estaba finamente
arrugada, había mechones de pelo en sus orejas,
se parecía un poco a una ardilla, suspicaz,
en trance. Y pequeña, 2700,
marchita ¨--parecía rechazarme
sin moverse. En el primer
momento en que la había visto, sin mis anteojos,
en la sala de partos, un borrón de sangre,
y piel azulada, y extremidades, la había conocido
patas para arriba, y la enderezaron, y entonces
vino ese llanto tenue, casi sexual y su
cuerpo todo se sonrojó.
cuando la volvía ver , estaba envuelta en algodón,
alguien la había limpiado, le había quitado
los restos del interior de mi cuerpo
la había peinado con hileras angostas,
como aradas, aterradoras. Nació diez días antes,
somnolientas, mis pechos tan hinchados que estaban
parejos
con el pezón, apenas su labios
se acercaban, siseaban y rociaban.
En dos días la llevamos a casa, chilló
y gimió, como el sueño de la víctima de un incendio,
y cuando se callaba, estaba acostada ahí espiando, sin demasiada
ansiedad. Yo no la culpaba.
La hija de la hija de mi madre. Me ponía de rodillas
La miraba, y la compadecía.
todo el día la amamantaba, y la paseaba. Y después
un día, me miró, como si
me conociera. Recostada en el hueco de mi brazo, alimentada, y
me miró como si recordara,
como si me hubiera conocido, y yo le gustara, y estuviera
recuperando la memoria. Cuando me sonrió,
un rictus delicado como la llegada de un dolor de parto,
me enamoré, me volví humana.


Estos libros, aunque me llegaron en distintos momentos del año, se encontraron en mí.

José Watanabe
Animal de Invierno & otros 65 poemas sobre la naturaleza y sus criaturas 
Bajo la luna poesía.

Este libro me lo regalaron en Julio para mi cumpleaños mi hija y mi yerno.

Cuando lo muestro en mis redes sociales, desde Perú me escribe Micaela Chirif, (quien fuera su pareja) y a partir de ese momento comenzamos un intercambio en las redes. 

Ese mismo año logramos conocernos en persona  en Buenos Aires (luminoso encuentro). Ella, nos lee poemas de su libro "Sobre la almohada una cabeza", y nos cuenta que nació a partir de la pérdida de quien fuera su pareja. Es más, me regala el libro, que llevo a la escuela, en esa misma semana y leo con mis alumnos. 

El libro de José Watanabe, fue muy bien escogido y fue amor al instante, por esa presencia de la naturaleza, que respira.

Flores

La madreselva se cerró al amanecer
y yo, sin su perfume, seguí creyendo en la poesía.

Es difícil persistir en la poesía, más aún
cuando ella misma nos desorienta:
en la desesperación
yo escribí poemas más sosegados.
¡Casi enloquezco pidiendo calma!

Ahora, después de la noche en blanco
y ningún verso, estoy en paz.
La madreselva, ya lo dije, se cerró al amanecer.

Otras flores habrá a lo largo del día.
Los lirios que pone mi mujer en la sala,
las rosas que dejan caer los cortejos fúnebres,
las flores carnívoras que se cierran tan violentamente
que apenas dejan ver a la abeja que matan.
De estas flores aprenderé, una vez más,
que la poesía que tanto amo solo puede ser
una fugaz y delicada acción del ojo.

Ambos libros conversan entre sí.

Uno habla de la presencia. Otro de la ausencia. 



Este poemario de Micaela Chirif, autora nacida en Perú y ganadora del Premio Hispanoamericano de Poesía en 2019, llegó para quedarse en mí.

.
Sobre mi almohada una cabeza
Micaela Chirif
Editorial Pre-Textos


Micaela, es también autora de libros para las infancias, que cautivan por su humor y su poesía.


a veces me llama por teléfono
un amigo muerto desde hace años
contrariamente a lo que podría pensarse
la conversación es bastante normal:
yo le cuento los chismes de acá
y él me cuenta los de allá
yo miro el día oscurecerse en la ventana
él se corta las uñas con pereza
y así
compartiendo historias
pasamos a veces la tarde entera

cuando llega el momento de colgar
                          y siempre llega
nos da entoncs muchísima tristeza
y nos ponemos a llorar
pero eso sí
            por delicadeza
lo hace cada uno por su cuenta



Laura Devetach
La señora de la calle Cangallo
y
Gustavo Roldán
Bajo el burlón mirar de las estrellas

Estos dos poemarios que están en un solo libro, también pertenecen a una pareja. Gustavo Roldán y Laura Devetach. Autores argentinos que disfruto compartir con mis estudiantes y amigos. 

Calibroscopio, editó un libro en donde se leen los dos. Con ilustraciones de Juan Lima. 

Les comparto algunos que justamente he llevado conmigo.

Pedido

Vamos
muévase
no se amontone sin hacer nada
como una piedra gris
como una piedra bola
fuera de su lugar
no mire con cara de tarjeta repetida
mueva un dedo
mueva aunque sea
la más chica de sus lágrimas

Laura Devetach

Piedra cansada

Piedra cansada
que se niega al camino
abandona la marcha
y allí
olvidada
queda a un costado
mirando pasar noches y días
de un mundo que no entiende
Pobre piedra
que se niega al camino

Gustavo Roldán

En el medio del libro aparecen las Instrucciones:

1. Aquel punto final indica que usted acabó un poemario.
2. Tómese su tiempo, disfrute.
3. Cierre el libro.
4. Inviértalo  comience la lectura de otro poemario. Que es el mismo libro pero diferente.
5. Disfrute.



Dos poemarios que podrían ser para chicas y chicos. Pero que en realidad, disfruté muchísimo de leer, porque no tienen edad.


Las dos naranjas
Edith Vera
Eduvim Editorial


En una edición Facsimilar, Eduvim, rescata al obra de Edith Vera, esta poeta nacida en Villa María ( Córdoba), ya fallecida, y cuya obra conocí curiosamente por un amigo cubano que vive en Miami actualmente (¡gracias, Sergio Andricaín!).

El libro tiene las ilustraciones que hizo la propia Edith, y fue ganador del premio de Poesía , del Fondo Nacional de las Artes, hace más de 40 años atrás.

Mi sombra sólo bebe
agua de río.
Sueña sobre la hierba,
duerme en los nidos.
La he visto de día
trenzar su pelo
con los azules linos
y con el trébol.
Y en las noches de frío
buscar el ala
de una blanca paloma,
que fiel la llama.


Los niños raros
Raúl Vacas
Editorial SM


Este libro me llegó por amigas queridas de España. Mis gallinas, con las que establecemos intercambios literarios, atravesando mares y océanos enteros, y distancias inabarcables.

Raúl Vacas, es un poeta y escritor, nacido en Salamanca, España. Dicta talleres de creación, y he tenido el honor de hacer con él el curso "Una pastelería en Tokio" sobre escritura de haikus. Con el que he aprendido un montón en esos intercambios.

Este libro es realmente sorprendente. Retahílas. Juegos de palabras. Trabalenguas. Limerick. 

Divertido y juguetón, tiene además ternura y poética para conquistar a grandes y chicos. Con las ilustraciones de Tomás Hijo, que acompañan tan perfectamente estos versos.

Niña búho
(versos de cabo roto)

Todas las  noche la ni-
bajo la luz de la lu-
llora triste su fortu-
en medio de la campi-

En lo alto de una ra-
con los ojos bien abier-
y los oidos despier-
sueña con irse a la ca-

y dormir hasta otro dí-
pues el niño de su al-
serio y sin perder la cal-
dijo que no la querí-

Y la niña búho llo-
y ulula a los cuatro vien-
sus amargos sentimien-
cda noche de hora en ho-

Y los grillos y las ra-
y los lobos más peque-
le desean buenos sue-
cantando a coro unas na-

Quisiera seguir contándoles de poesía, pero al menos, espero haber sembrado algún verso, para que corran a buscar alguno de estos libros, y por supuesto, lo compartan.


Hasta la próxima

sábado, 27 de junio de 2020

Leyendo mujeres: Liliana Ancalao



Descubrí a Liliana Ancalao, a través de sus poemas y luego de sus textos. Es su voz, un viento poderoso que te mueve, como los que surcan la Patagonia argentina.

Poeta nacida en Diadema, un campamento petrolero, en Comodoro Rivadavia, Chubut. Escritora, docente, y estudiosa de la lengua mapuzungun. Mapuche y habitante de la patagonia. El lugar del viento. Curiosamente al buscar artículos sobre su persona, o su historia, aparecen en blog o sitios del extranjero, de lugares que no son nuestro territorio. Tan característico, esto de tener que mirar afuera, lo que es propio.


Ella cuenta sobre su llegada:


"Mis viejos vinieron atraídos por las posibilidades de la ciudad muy jóvenes los dos. Mi mama de Cushamen. Se casaron acá, mi papá trabajó en el petróleo, en Diadema Argentina que es un campamento petrolero que queda a 27 km. No tengo muchas imágenes de la infancia mía de Comodoro porque vivir en Diadema, era como vivir en un pueblo aparte, venir a Comodoro era ir a la ciudad, el campamento tenia la escuela estaban los comercios, tenia su vida armada ahí. Para mi el tema mapuche era algo casi desconocido en esos días. A mi casa por ahí llegaba algún paisano, tío, que era un gaucho, un peón, y yo no los reconocía como mapuches sino como parientes, peones y no tenia esa conciencia de que pertenecíamos a un pueblo. Mis padres no me decían. Las vacaciones si las armabamos para ir al campo que en ese tiempo era ir a Cushamen y en el campo estaba mi abuela Roberta que nos enseñaba a contar en mapuzungun, algunas palabras, nos hablaban del kamaruko, pero yo no hacia todavía la conexión entre esas cosas y el pueblo mapuche. La hice mas adelante, no recuerdo muy bien cuando, pero es probable que sea cuando empece a estudiar en la universidad que coincidió la democracia en Argentina."

En ese reconocimiento de sus orígenes, fue construyendo su identidad, y esta se hace presente, en lo que escribe.
Leyendo su libro, me encuentro tan atravesada de sus emociones, tan condolida por ese pueblo tan silenciado y borrado, que solo me queda seguir aprendiendo de esta cultura, que es más antigua que lo que llamamos "cultura" y que tiene ese ingrediente que necesito. El respeto por la naturaleza y la tierra en la que habitamos.

Liliana explica que mapuzungun y mapuche no son sinónimos. Mapuzungun significa lengua o idioma de la tierra y mapuche significa gente de la tierra, pero al escribir o al hablar con interlocutores hispanohablantes se arman construcciones como “lengua mapuche” o “poesía mapuche”

La nostalgia de su cosmovisión la llevó a recuperar su idioma, un camino que transita con asombro:

“se me agranda el corazón cada vez que explico que en el mapuzungun, además del singular y el plural, existe el pronombre dual: iñchiu significa “nosotros dos”, eymu significa “ustedes dos” y fey engü significa “ellos dos”. El par es el equilibrio en nuestra cosmovisión”.


Sus poemas se publican en ediciones bilingües.

Ti ramtun
fentekünun, kiñe ramtun inche reke
müchampramyu iñ namun
miawleaiñ
kiñe nüyün ñi trawau ti furi mew
nielay pu newen folil
fürenelay
wimn ñi kimnon
layaiñ kiñe epew mew ka epew
mangitripaiñ, pangküiñ ti pu ramtun
trawa ñi pu kaño mew
pu foro püle
miawiyaiñ
pu che inchiñ reke
pu kewan sechukünuleiñ
newenküleiñ pu pewma ñi mollfüñkug
leliwüaiñ teifunruka
ti mapa ñi pewma mew

pregunta
habrá que resignarse a ser pregunta
arremangarse los pies
seguir andando
con un golpe de sismo por espalda
sin cimientos
ni contemplaciones
habrá que acostumbrarse sin respuesta
morir en una historia y otra historia
salir de madre pateando las preguntas
por los caños de la piel
hasta los huesos
y andar
humano no más
apuntalando luchas
controlando el pulso de la tierra
mirarse escombro en el mapa de los sueños

El libro que leí de ella, se llama "Resuello" y fue publicado por Ed. Marisma (reúne ensayos y poemas)






Reúne sus poemas, que escribe en castellano y traduce ella misma, al mapuzungun.
...
las mamás
todas
han pasado frío
mi mamá fue una niña
que en cushamen
andaba en alpargatas
por la nieve
campeando chivas
yo nací con la memoria
de sus pies
entumecidos.
...


...
hasta cuándo
aguantaremos
pará la lluvia dios es demasiada
no la bebe la tierra se
atraganta
y somos casi nada
trazos de tiza borrados
por el agua
...

El libro reúne un conjunto de ensayos, en que nos habla sobre el pueblo mapuche, sobre sus luchas, sobre sus pérdidas. Golpean, estas palabras.

"Tuvieron que matarnos para clavar sus garras deforestadoras, desertificantes, depredadoras, en el wall mapu , el territorio."


"Nuestra historia ha estado siempre, espiritualmente, ligada a la tierra"

"Cíclicamente nos renovamos con sus fuerzas."

"...winka con su cosmovisión, que considera al hombre como el rey del planeta."

"Nacimos en el el tiempo de la desmemoria."

"Descolonizar el discurso dominante es derrumbar movimientos, cuestionar, próceres, rasparnos ese discurso con el que nos avergonzaron de ser quienes somos."

"Ser poeta originario mapuche es ser investigador, historiador, antropólogo, semiólogo, lingüista, celebrante."

No por nada, el pueblo mapuche nombra   "la conquista al desierto", (ese eufemismo para esconder la matanza, violación, asesinato de los pueblos originarios que fue parte de nuestra historia de civilización durante el gobierno de Rosas)  como: "cuando se perdió el mundo".

Tenemos que aprender aún, sobre salvar este mundo que nos queda. Acá en  "Susurro y altavoz", querídisimo programa, conducido por Ruth Kaufman, pueden escucharla.

La foto del inicio la saqué de https://noticiasdiaxdia.com.ar/noticias/val/33595/poemas-de-liliana-ancalao-chubut-.html#.XuJBcdVKjtQ, donde pueden leer sobre ella.

Las citas son de los siguientes artículos:
https://ardea.unvm.edu.ar/entrevistas/liliana-ancalao/
https://www.barilochense.com/bariloche-social/pueblomapuche/entrevista-a-la-poeta-mapuche-liliana-ancalao