
Esas primeras semanas, no sé si sabía
cómo amar a nuestra hija. Su cara parecía estrujada,
fruncida de preocupación —y ni siquiera
desesperanza, sino simplemente depresión, una cara de
tenacidad. La piel del rostro estaba finamente
arrugada, había mechones de pelo en sus orejas,
parecía un poco a una ardilla, suspicaz,
en trance. Y pequeña, 2,700,
marchita —parecía rechazarme
sin moverse. En el primer
momento en que la había visto, sin mis anteojos,
en la sala de partos, un borrón de sangre,
y piel azulada, y extremidades, la había conocido,
sin moverse. En el primer
momento en que la había visto, sin mis anteojos,
en la sala de partos, un borrón de sangre,
y piel azulada, y extremidades, la había conocido,
patas para arriba, y la enderezaron, y entonces
vino ese llanto tenue, casi sexual y su
cuerpo todo se sonrojó.
....
(fragmento)

Autorretrato
Mary Oliver
Cómo desearía tener veinte años y estar
enamorada de la vida
todavía llena de entusiasmo.
¡Vamos viejas piernas!
Están las largas, pálidas dunas, del otro lado
las rosas florecen y saben que su trabajo
no es una carga para el espíritu.
¡Vamos viejas piernas! Están las rosas y está el mar
brillando como una canción, como un cuerpo
que quiero tocar
aunque ya no tengo veinte
y voy a cumplir ¡ay! Setenta. Y todavía
enamorada de la vida. Y todavía
llena de entusiasmo.
En “El pájaro rojo”
Versiones de Natalia Leiderman y Patricio Foglia
Poesía para las infancias https://patoleyendoelmundo.blogspot.com/2018/09/la-poesia-como-la-primavera-llega-tan.html








