Quienes me conocen saben que odio los días de lluvia.
Me angustian, me llenan de desazón, me preocupan. Un pasado en dónde la lluvia era sinónimo de fragilidad y destrucción me han hecho temer a las tormentas. Y tener que salir a trabajar en días de lluvia, caminando entre charcos y esquivando paraguas no es de mis actividades favoritas.
Hace un tiempo reuní unos poemas de lluvia para acompañarme en la angustia. Para darme solaz, y alegrarme un poquito estos días.
Hoy llueve en Buenos Aires, (me tomó por sorpresa al salir de mi trabajo de la mañana y volví absolutamente empapada.
Me merezco poesía, y de paso se los comparto.
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