Mostrando entradas con la etiqueta Charito. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Charito. Mostrar todas las entradas

domingo, 2 de agosto de 2015

La historia de Charito II. De como conoció por primera vez la Argentina, y a su padre, a los 18 años



En el pequeño pueblo de su niñez, en Asturias, apenas se sobrevivía después de la guerra.
Aquelita, la prima de Charito, a escondidas, le escribió al padre, que vivía hace tiempo, en Buenos Aires. Le contó que su hija se moría por venir a conocerlo. Él loco de contento, porque la extrañaba y se moría por verla, le mandó respuesta.
Ella casi se muere, al recibir la carta con el pasaje. pero de la tristeza y la rabia

Lloró varios días, y varios años tardó en perdonarla a Aquelita. Todavía se siente el rencor por esa terrible traición... al nombrarla...

- ¿Por qué no le dijo la verdad y se quedó en Asturias? - le pregunto 

- Nooo, ¡cómo le ibamos a decir que eso era un engaño!...¡Cómo ibamos a quedar nosotros como unos mentirosos!...

Y se tuvo que venir ....

Primera vez que se separaba de sus tierras, de su lugar, de sus queridos hermanos. Sobre todo del menor que era el que se había quedado con ella cuando los demás marcharon con la guerra.

Un largo vuelo en avión la depositó en el aeropuerto de  "El Palomar" en medio de la noche. Por primera vez estaba sola, sola ante lo desconocido...

En esa primera, eterna noche, pisó por primera vez esta tierra nueva,y conoció al hombre que le había dado su apellido. 

Ese hombre, su padre, le presentó entonces a Filomena, su segunda esposa.

Me cuenta que le dijo...(imagino, con ese mismo acento español que aún conserva más de 60 años después.)..

 - Señor, yo a usted lo voy a llamar papá porque sé que es mi padre, pero es la primera vez que lo veo, lo mismo que a usted señora. Por lo que no puedo tener más afecto, por el uno que por el otro. Digame usted Señora, como quiere que la llame

- Como quieras...hija, llamame como quieras

- Bueno, si usted me llama hija, yo la voy a llamar mamá...

Y sentada en el living de su casa, con la estufa ardiendo en una tarde de otoño. Mirándome con esos ojos del color del agua, apenas con la voz más suave por la emoción ...me cuenta...

- Y la llamé mamá. Porque la guerra me quitó a mi mamá española a los 8 años pero me regaló una mamá argentina a los 18... Y la quise más que a mi propio padre...


Charlando le pregunto de la escuela y las historias de su ñiñez. 

Dice "que no se recuerda de ningún libro, que ella no es muy leida", pero que a la plaza del pueblo llegaban los cieguitos, y que todo el pueblo se juntaba a escuchar, las historias y canciones que todavía recuerda. 

Como esta....

Cante
Ayer tarde yo cantaba 
mientras mi niña dormía
y los almendros lloraban
de la infinita alegria

¡Ay! que linda que es mi niña
que bonita que es
cuando duerme se parece 
una amapola
entre los trigales verdes

Jugaban al escondite
El sol y los limoneros
y los almendros lloraban
viendo salir un lucero

Bendito sea el minero
que trabaja en el carbón
aunque el carbón sea negro
las pesetas blancas son

Cuando yo sali de Asturias
Me di la vuelta llorando
adiós Asturias querida
que lejos me estás quedando

Asturias tiene la fama
de la sidra y el aguardiente
de las chabalas bonitas
y de los hombres valientes


...
Un pueblo que me recuerda a la foto que me mostró Charito


sábado, 1 de agosto de 2015

Leer al otro: Charito I




Leer al otro: La historia de Charito

Charito es mi vecina, la de enfrente. Tiene más de 80, y un espíritu joven Cuando nos cruzamos está siempre ocupada, parece incansable, la veo barrer la vereda, juntar las hojas que caen del plátano vecino, o acarrear la compra desde el almacén de Roberto, otro vecino.
Una de las primera veces que nos cruzamos me contó, apoyada en el changuito del mercado, que conoció por primera vez a su padre a los 18 años, al pisar, por primera vez suelo Argentino.
Hace tiempo  que quiero sentarme a conversar con ella. Me di cuenta que tenía muchas ganas de contar su historia, lo había intentando con la ayuda de una maestra que tuvo en un taller al que acudia gustoza,  pero cuando murió, dejó a ella y a otros jóvenes de la tercera edad,  huérfanos de palabras 
Ella dice que sola no podría, dado que es  "casi analfabeta", y anda un poco mal de la vista. Le propuse, entonces que lo hagamos juntas

Iremos contando la historia de Charito, una de muchas otras historias de vecinos que me gustaría contar. Acá en mi barrio, hay algunos que tienen mucho que decir...pero que nunca se animarían a ponerlo en palabras porque son gente de "poca cultura" según ellos mismos me dicen. Sin embargo, son narradores expertos, que no temen soltar sus historias,  cuando cortan el fiambre, van a comprar pan, o barren la vereda. 

Para que no se vuelen lejos, como las hojas al viento, las pondré en la pantalla...


Con Charito, daremos por inaugurada la sección "Leer al otro", que será parte de este blog...

Les contaremos de su tio Gerardo.

Charito hablando. En primer plano un recuerdo que se trajo de cuando volvió a Asturias hace unos pocos años



Cuanto cariño me ha dado aunque cuando yo nací, él era un señor mayor.
Cuando crecí siempre me hablaba de sus vivencias, y ahora yo voy a hablar de su persona
Nunca lo vi enojado, siempre nos tuvo mucha paciencia, nos regalaba tanto cariño, tanto a mis hermanos como a mí, y solo a cambio del respeto que él nos enseñaba
El tío Gerardo siempre usaba madreñas y la muleta
Me sentaba en sus rodillas, cuando yo era pequeñita, para contarme cosas de su vida
Una de ellas fue cuando lo mordió un escorpión y por ello se le secó y perdió medio dedo, al ocurrirle esto no podía ligar el pitillo y entonces dejó de fumar
Como fue a servir al Rey (como se decía en aquel entonces) estuvo solo 3 días, porque no daba la talla. Él medía 1.60 y la Reina solo quería a los altos y buenos mozos. Entonces la gente decía "Ya cayó la hoja al roble  o ya floreció la espinera, la flor de los buenos mozos son los que la Reina lleva". Esos dichos asturianos


Cuando mi tío cumplió los 100 años, vino un sobrino que era periodista a hacerle un reportaje y el tío pidió una aguja bien fina para que viese como la enhebraba sin anteojos porque no usaba.

Le dijo que había recorrido mucho mundo, y adonde más lejos había ido era a un lugar llamado Roaza.
Esas cosas me contaba el tío Gerardo, pero todavía quedan muchas más en mí recuerdo.