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viernes, 1 de abril de 2022

Lo sé, pero no debería. Marina Colasanti


En estos días, el mundo está viviendo guerras, seguimos en pandemia, sobrevivimos al devenir diario



A veces, lo terrible, se nos hace costumbre.

Es la poesía la que llega, para obligarnos a mirar/nos de otra manera.

(hoy, ahora, y también, cuando todo esto termine)


Este poema de Marina Colasanti, autora que está y estará siempre presente en este blog, me lo recuerda.

LO SÉ, PERO NO DEBERÍA

Sé que la gente se acostumbra. Pero no debería.

La gente se acostumbra a vivir en un apartamento interior

y a no tener otra vista que no sea las ventanas de alrededor.

Y como no tiene vistas, luego se acostumbra a no mirar hacia afuera.

Y como no mira hacia afuera luego se acostumbra a no abrir de todo las cortinas.

Y como no abre las cortinas luego se acostumbra a encender más pronto la luz.

Y a medida que se acostumbra, olvida el sol, olvida el aire, olvida la amplitud.

La gente se acostumbra a levantarse por la mañana sobresaltado porque es la hora.

A tomar el café corriendo porque va atrasado.

A leer la prensa en el autobús porque no puede perder el tiempo del viaje.

A comer un sandwich porque no hay tiempo para almorzar.

A salir del trabajo porque ya es de noche.

A dormitar en el autobús porque está cansado.

A acostarse temprano y dormir profundo sin haber disfrutado el día.

La gente se acostumbra a abrir el periódico y a leer sobre la guerra.

Y aceptando la guerra, acepta los muertos y que haya una cifra de muertos.

Y aceptando la cifra acepta no creer en las negociaciones de paz,

acepta leer todo el día sobre guerra, sobre cifras, sobre su larga duración.

La gente se acostumbra a esperar el día entero y escuchar al teléfono: hoy no puedo ir.

A sonreír a la gente sin recibir una sonrisa de vuelta.

A ser ignorado cuando necesitaba tanto ser visto.

La gente se acostumbra a pagar por todo lo que desea y necesita.

A luchar para ganar el dinero con qué pagar.

Y a ganar menos de lo que necesita.

Y a hacer colas para pagar.

Y a pagar más de lo que las cosas valen.

Y a saber que cada vez pagará más.

Y a buscar más trabajo, para ganar más dinero, para tener con qué pagar en las colas en las que se cobra.

La gente se acostumbra a andar por la calle y ver carteles.

A abrir las revistas y ver anuncios.

A encender al televisión y ver publicidad.

A ir al cine y engullir anuncios.

A ser instigado, conducido, desnortado, lanzado a la infinita catarata de productos.

La gente se acostumbra a la polución.

A las salas cerradas con aire acondicionado y olor a cigarro.

A la luz artificial con su ligero temblor.

Al choque de los ojos con la luz natural.

A las bacterias del agua potable.

A la contaminación del agua del mar.

A la lenta muerte de los ríos.

Se acostumbra a no oír los pájaros, ni el gallo de madrugada, a temer la hidrofobia de los perros,

a no coger la fruta a pie del árbol, a no tener ni siquiera una planta.

La gente se acostumbra a demasiadas cosas para no sufrir.

En dosis pequeñas, intentando no percibir, se va apartando un dolor de aquí,

un resentimiento de allí, una revuelta allá.

Si el cine está lleno la gente se sienta en primera fila y tuerce un poco el cuello.

Si la playa está contaminada la gente solo moja los pies y suda en el resto del cuerpo.

Si el trabajo es duro la gente se consuela pensando en el fin de semana.

Y si el fin de semana no hay mucho que hacer la gente se acuesta temprano

y aún queda satisfecho porque siempre tiene sueño atrasado.

La gente se acostumbra para no rallarse en la aspereza, para preservar la piel.

Se acostumbra para evitar heridas, sangrados, para esquivarse

de la faca, de la bayoneta, para proteger el pecho.

La gente se acostumbra para proteger la vida que poco a poco se gasta y, que

de tanto acostumbrarse, se pierde de sí misma.

(1972)
Marina Colasanti (Asmara, Etiopía, 1937)
Reside en Brasil desde 1948
de Eu sei, mas não devia, Editora Rocco, Río de Janeiro, 1996
Traducción al castellano de Selo Blanco


sábado, 30 de noviembre de 2019

Leyendo mujeres: Marina Colasanti

La poesía me tiene completamente tomada. Este año ha estado aún más presente en mi vida y he conocido a poetas (mujeres principalmente) fabulosas. 

Me han llegado porque alguien amorosamente las ha puesto en mi mundo. Mencionando un nombre que debía leer, compartiendo en las redes sus versos, o una lectura en voz alta.

Es por eso que inicio esta sección. Algo que hace rato me rondaba. Digamos que es una manera de devolver aquello que me fue dado

La poesía puede colarse, perfectamente, en lo cotidiano. Hace varios años atrás, Fernando Operé, poeta español, nos propuso leer un poema (no más de uno) antes de irnos a dormir (lo escuché en el Foro internacional del Libro y la Lectura que organiza la Fundación Mempo Giardinelli, en Resistencia). 

Esto ocurrió varios años atrás. Lo he puesto en práctica y lo recomiendo.

Un poema, ocupa poco espacio, no  lleva mucho tiempo de lectura,  y puede permanecer para siempre (hay poemas que he leído que me vuelven desde la infancia o la adolescencia).

Por eso, leer poesía con otros es algo necesario, más si somos educadores y/o mediadores. 


"La palabra poética no se conforma con los primeros sentidos, dice más, derriba muros, y así engrosa el lenguaje y renueva la realidad" 
decía Liliana Bodoc en Los confines de la palabra: Lo poético (video de Canal Encuentro)

Les comparto tres poemas de Marina Colasanti. Solo tres, me puse un límite, difícil de cumplir. 

Toda selección es un recorte, una ventana acotada y personal. Las y los invito a seguir buscando.

Nacida en 1937  en Asmara, Eritrea, ubicado en África, pero en ese momento colonia Italiana . Vivió en Libia, Italia y desde 1948 se estableció en Brasil. Escritora. Poeta. Artista Plástica. Reúne una extensa obra para niños y jóvenes que recomiendo buscar y disfrutar. Principalmente logra traer nueva vida a los cuentos de hadas (llevo leídos y comentados  "Entre la espada y la Rosa", publicado en Babel, y "Lejos como mi querer " publicado por Norma) . También ha publicado textos sobre la Literatura para niños y jóvenes, y la presencia femenina en la literatura (su libro "Fragatas para tierras lejanas" ha sido reseñado por aquí). Ha traducido obras de algunos autores al portugués, entre ellas la obra de nuestra querida Tere, (María Teresa Andruetto). 

Los poemas que escogí pertenecen al libro "Ruta de colisión" y fueron traducidos del portugués (esta edición está en ambos idiomas) por la Tere.

A los que viven en Argentina les recomiendo buscar este libro en la estupenda colección de poesía, que arribó años atrás a las Bibliotecas Escolares.




SI EL SÓLO

Dicen que el poeta 
Li Po
se ahogó una noche en que
borracho
quiso atrapar la Luna
sobre el lago.
Es leyenda, se sabe
Pues la verdad es que
la Luna
lo habría seguido
a cualquier sitio
sólo con que él la hubiera llamado


ANTES DE VOLVERME GIGANTE

Cuando yo era chica 
los corredores eran largos
las mesas altas
las camas enormes.
La cuchara no cabía 
en mi boca
y el tazón de sopa
era siempre más hondo
que el hambre.
Cuando yo era chica
solo gigantes vivían 
allá en casa.
Menos mi hermano y yo
que éramos gente grande
venida de Lilliput.

ALLÁ AFUERA, LA NOCHE

Cuando la familia duerme
--- inertes las manos en los pliegues de las sábanas
los cuerpos pesados bajo la viva mortaja---
la mujer se ejerce.
En la casa quieta
donde nadie le cobra
nadie le exige
nadie le pide 
                     nada
se pasea finalmente reina
en las piezas vacías
se demora en lo oscuro.
Y descalzos los pies
abierta la blusa
puede entregarse
plácida
al silencio.

Seguiré compartiendo poemas y poetas, en próximas entradas


Gracias por su lectura

La yapa: Para los que quieran conocerla a Marina, el año próximo la podremos encontrar en el VII Simposio  de Literatura Infantil y Juvenil del Mercosur en Bariloche, en el mes de abril