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miércoles, 24 de diciembre de 2025

Cuento de Navidad

¡Feliz Navidad!


Hace unos años me llegó este cuento un día de Navidad. Me llegó leído por la Tere Andruetto. No lo conocía y lo busqué. Lo quise compartir como un regalo de Navidad. Pero no podía compartirlo con la voz de la Tere sin su autorización. Así que lo grabé. Eso fue hace unos cuantos años y el archivo se perdió. Se los dejo igual para que lo tengan.

Un regalo de Bradbury para nosotros. Un regalo de la Tere, para mí. Un regalo de mí para ustedes.





Foto de Vivian Maier.



Cuento de Navidad

[Cuento - Texto completo extraído de Ciudad Seba]
Ray Bradbury


El día siguiente sería Navidad y, mientras los tres se dirigían a la estación de naves espaciales, el padre y la madre estaban preocupados. Era el primer vuelo que el niño realizaría por el espacio, su primer viaje en cohete, y deseaban que fuera lo más agradable posible. Cuando en la aduana los obligaron a dejar el regalo porque excedía el peso máximo por pocas onzas, al igual que el arbolito con sus hermosas velas blancas, sintieron que les quitaban algo muy importante para celebrar esa fiesta. El niño esperaba a sus padres en la terminal. Cuando estos llegaron, murmuraban algo contra los oficiales interplanetarios.



-¿Qué haremos?

-Nada, ¿qué podemos hacer?

-¡Al niño le hacía tanta ilusión el árbol!

La sirena aulló, y los pasajeros fueron hacia el cohete de Marte. La madre y el padre fueron los últimos en entrar. El niño iba entre ellos, pálido y silencioso.

-Ya se me ocurrirá algo -dijo el padre.

-¿Qué…? -preguntó el niño.

El cohete despegó y se lanzó hacia arriba al espacio oscuro. Lanzó una estela de fuego y dejó atrás la Tierra, un 24 de diciembre de 2052, para dirigirse a un lugar donde no había tiempo, donde no había meses, ni años, ni horas. Los pasajeros durmieron durante el resto del primer “día”. Cerca de medianoche, hora terráquea según sus relojes neoyorquinos, el niño despertó y dijo:

-Quiero mirar por el ojo de buey.

-Todavía no -dijo el padre-. Más tarde.

-Quiero ver dónde estamos y a dónde vamos.

-Espera un poco -dijo el padre.

El padre había estado despierto, volviéndose a un lado y a otro, pensando en la fiesta de Navidad, en los regalos y en el árbol con sus velas blancas que había tenido que dejar en la aduana. Al fin creyó haber encontrado una idea que, si daba resultado, haría que el viaje fuera feliz y maravilloso.

-Hijo mío -dijo-, dentro de medía hora será Navidad.

-Oh -dijo la madre, consternada; había esperado que de algún modo el niño lo olvidaría. El rostro del pequeño se iluminó; le temblaron los labios.

-Sí, ya lo sé. ¿Tendré un regalo? ¿Tendré un árbol? Me lo prometieron.

-Sí, sí. todo eso y mucho más -dijo el padre.

-Pero… -empezó a decir la madre.

-Sí -dijo el padre-. Sí, de veras. Todo eso y más, mucho más. Perdón, un momento. Vuelvo pronto.

Los dejó solos unos veinte minutos. Cuando regresó, sonreía.

-Ya es casi la hora.

-¿Me prestas tu reloj? -preguntó el niño.

El padre le prestó su reloj. El niño lo sostuvo entre los dedos mientras el resto de la hora se extinguía en el fuego, el silencio y el imperceptible movimiento del cohete.

-¡Navidad! ¡Ya es Navidad! ¿Dónde está mi regalo?

-Ven, vamos a verlo -dijo el padre, y tomó al niño de la mano.

Salieron de la cabina, cruzaron el pasillo y subieron por una rampa. La madre los seguía.

-No entiendo.

-Ya lo entenderás -dijo el padre-. Hemos llegado.

Se detuvieron frente a una puerta cerrada que daba a una cabina. El padre llamó tres veces y luego dos, empleando un código. La puerta se abrió, llegó luz desde la cabina, y se oyó un murmullo de voces.

-Entra, hijo.

-Está oscuro.

-No tengas miedo, te llevaré de la mano. Entra, mamá.

Entraron en el cuarto y la puerta se cerró; el cuarto realmente estaba muy oscuro. Ante ellos se abría un inmenso ojo de vidrio, el ojo de buey, una ventana de metro y medio de alto por dos de ancho, por la cual podían ver el espacio. El niño se quedó sin aliento, maravillado. Detrás, el padre y la madre contemplaron el espectáculo, y entonces, en la oscuridad del cuarto, varias personas se pusieron a cantar.

-Feliz Navidad, hijo -dijo el padre.

Resonaron los viejos y familiares villancicos; el niño avanzó lentamente y aplastó la nariz contra el frío vidrio del ojo de buey. Y allí se quedó largo rato, simplemente mirando el espacio, la noche profunda y el resplandor, el resplandor de cien mil millones de maravillosas velas blancas.

FIN










miércoles, 25 de diciembre de 2024

Leyendo "Cuentos de Navidad"

    Ayer les compartí un cuento de Navidad, y me apareció la inquietud de buscar más.


                                          La ilustración es de Oliver Jeffers.

    De hecho en el blog se me ha dado por buscar selecciones de cuentos, referidos a un tema o referidos a un público.


Así que acá sumo una más.

¡FELIZ NAVIDAD! y que lo disfruten.


Cuento de Navidad de Charles Dickens . A Christmas Carol. Traducida al español también como Canción de Navidad, Cuento de Navidad es una novela corta escrita por el británico Charles Dickens y publicada originalmente por Chapman & Hall el 19 de diciembre de 1843. Su trama cuenta la historia de un hombre avaro y egoísta llamado Ebenezer Scrooge y su conversión tras ser visitado por una serie de fantasmas en Nochebuena y la madrugada de Navidad.

Esta versión ilustrada por Roberto Innocenti es una de mis favoritas, desde la ilustración pero pueden encontrar miles y también versiones en películas.


Un clásico cuento de Navidad es El expreso polar el año pasado se los leí para terminar el año a mis estudiantes secundarios y hubo emoción.

Saben también que hay una película con Tom Hanks que vale la pena ver , pero la historia fue escrita e ilustrada por por Chris Van Allsburg y publicado por la editorial Houghton Mifflin en 1985. Es considerado un clásico de la literatura navideña infantil y fue elogiado por sus detalladas ilustraciones y su argumento tranquilo y relajante. Por esta obra, Van Allsburg ganó la Medalla Caldecott en 1986. Si no conocen al autor, se los recomiendo , todos sus libros son joyas.

Publicado por Ekaré se puede conseguir en Argentina.


Otro cuento que siempre les comparto por estas épocas es Cartas a Papá Noel de Luis María Pescetti.

Otra vez apelando al humor de Luis, una historia desopilante, publicada en el libro Nadie te creería. Ilustrado por O Kiff. Publicado en Loqueleo ahora, lo he mencionado varias veces en mi blog.




También quiero agregar aunque no sea de Navidad El regalo de los Reyes Magos Un cuento de O Henry, que es uno de mis favoritos para compartir en esta época.

En Argentina tenemos esta bella versión ilustrada por María Wernicke, que publicó Calibroscopio.


Creo que como soy yo daré espacio para distintas versiones navideñas. Hay una especial que escribió Roberto Fontanarrosa, el dibujante, autor, y humorista, rosarino. Se llama "Te digo más..." Una historia de esas del Negro, desopilante.

También encontré esta historia de Hans Christian Andersen, que se llama El abeto. No lo conocía, habla de un abeto que solo quiere crecer, y no disfruta el presente en la espera del momento maravilloso que le espera al ser mayor. 

Un cuento muy conocido del mismo autor que transcurre en Navidad es La cerillera, o La pequeña vendedora de cerillas.
Es una historia que a mí me entristece pero sé que es la favorita de otros y otras.

Hay una versión de José Sanabria ilustrada que se llama La fosforerita, publicada por Comunicarte una editorial argentina,



Justo cuando pensaba en esta entrada, me llegó por mail un aviso de Linternas y Bosques, este blog tan lindo de Rodolfo Córdova que publicó un Cuento de Navidad de Jairo Buitrago. (autor de Colombia que recomiendo) 

Se los dejo acá 

Y también estuve escuchando el podcast Grandes infelices de Javier Peña, que tiene un especial de Navidad. Es muy interesante siempre, pero este me hizo aprender de algunas relaciones entre la Navidad y la Literatura, que no conocía. Y cuenta algunos detalles de los cuentos que les menciono .