martes, 30 de diciembre de 2025

Los libros que me encontraron (un listado o selección de los libros que leí desde 2015 a 2024)


 

    
    Me he dado cuenta, que casi sin querer, ya hace 10 años que hago la lista de “Los libros que me han encontrado” en mi blog. Pensé que no había sido tan consecuente, pero salvo en 2020 (pandemia mediante) el resto de los años he ido formando esta pila (o escalera como prefiero llamarla) de los libros que me van encontrando a lo largo del año. Esto también quiere decir que en menor o mayor medida, voy registrando estos libros. En IG, en fotos, en cuadernos, en listas, y en los últimos dos años tanto en mi Bullet Journal como en un Reading Journal (o cuaderno de lecturas).

    


 ¿Por qué?


Porque me gusta. Porque siento que crezco y quiero saber cómo. Porque los libros que leí cada año son parte de mi identidad. Porque me gusta saber que año conocí a esa autora que es parte de mi familia, o en qué momento tuve mi primera cita con aquellos libros de los que me enamoré. Porque hacer listas y registros es parte de mi ADN científico. Porque hacer listas me permite ayudar a otros/otras a hacer sus propias listas para armar bibliotecas o espacios de lectura. Porque de esa manera me recuerdo a veces que ese libro ya lo leí, o que lo tuve y lo perdí. Porque de esas listas surgen otras listas. Porque de esas pilas surgen otras pilas. Porque cuando miro mis listas descubro todo lo que leí en un año a pesar de que siempre la sensación es que las dificultades no me dejan tiempo a leer (y en realidad es al revés las dificultades me impulsan a leer más). Porque al mirar atrás también veo al Pato que estaba abriendo camino en un espacio nuevo, y cómo perseveró a pesar de las dificultades. 

Porque también al verlas me doy cuenta todo lo que he aprendido de cada libro, y de todo ese camino como lectora. 

Y sonrío.


Antes de hacer lo propio este año, dejo por aquí las entradas las anteriores:



Los libros que me encontraron en 2024 parte I (novelas, cuentas, poesía)

https://patoleyendoelmundo.blogspot.com/2025/01/los-libros-que-me-encontraron-en-2024.html

Los libros que me encontraron en 2024 parte II (libros álbum e ilustrados)

https://patoleyendoelmundo.blogspot.com/2025/01/los-libros-que-me-encontraron-en-2024_18.html

Los libros que me encontraron en 2023 parte I: libros de poesía, novelas y no ficción

https://patoleyendoelmundo.blogspot.com/2024/01/los-libros-que-me-encontraron-en-2023.html

Los libros que me encontraron en 2023 parte II libros álbum e ilustrados

https://patoleyendoelmundo.blogspot.com/2024/01/los-libros-que-me-encontraron-en-2023_9.html

Los libros que me encontraron 2022 parte I

https://patoleyendoelmundo.blogspot.com/2023/01/los-libros-que-me-encontraron-en-el.html

Los libros que me encontraron 2022 parte II

https://patoleyendoelmundo.blogspot.com/2023/02/los-libros-que-me-encontraron-en-2022.html

Los libros que me encontraron 2021 parte I

https://patoleyendoelmundo.blogspot.com/2022/01/los-libros-que-me-encontraron-en-2021.html

Los libros que me encontraron 2021 parte II

https://patoleyendoelmundo.blogspot.com/2022/01/los-libros-que-me-encontraron-en-2021_8.html

Los libros que me encontraron en 2019 parte II

https://patoleyendoelmundo.blogspot.com/2019/12/los-libros-que-me-encontraron-en-el.html

Los libros que me encontraron en 2017

https://patoleyendoelmundo.blogspot.com/2018/01/libros-que-me-encontraron-en-2017-parte.html

https://patoleyendoelmundo.blogspot.com/2018/01/libros-que-me-encontraron-en-2017-parte.html

https://patoleyendoelmundo.blogspot.com/2018/01/los-libros-que-me-encontraron-en-el.html

Los libros que me encontraron en 2016

https://patoleyendoelmundo.blogspot.com/2016/12/los-libros-que-me-encontraron-en-este.html

Los libros que me encontraron en 2015

https://patoleyendoelmundo.blogspot.com/2016/01/los-libros-que-me-encontraron-en-el-2015.html









(un extra, cada año al hacer las listas aparece retratado un nuevo pato, no me había dado cuenta hasta ver las fotos anteriores, si las miran pueden jugar a "descubrir al pato")

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Cuento de Navidad

¡Feliz Navidad!


Hace unos años me llegó este cuento un día de Navidad. Me llegó leído por la Tere Andruetto. No lo conocía y lo busqué. Lo quise compartir como un regalo de Navidad. Pero no podía compartirlo con la voz de la Tere sin su autorización. Así que lo grabé. Eso fue hace unos cuantos años y el archivo se perdió. Se los dejo igual para que lo tengan.

Un regalo de Bradbury para nosotros. Un regalo de la Tere, para mí. Un regalo de mí para ustedes.





Foto de Vivian Maier.



Cuento de Navidad

[Cuento - Texto completo extraído de Ciudad Seba]
Ray Bradbury


El día siguiente sería Navidad y, mientras los tres se dirigían a la estación de naves espaciales, el padre y la madre estaban preocupados. Era el primer vuelo que el niño realizaría por el espacio, su primer viaje en cohete, y deseaban que fuera lo más agradable posible. Cuando en la aduana los obligaron a dejar el regalo porque excedía el peso máximo por pocas onzas, al igual que el arbolito con sus hermosas velas blancas, sintieron que les quitaban algo muy importante para celebrar esa fiesta. El niño esperaba a sus padres en la terminal. Cuando estos llegaron, murmuraban algo contra los oficiales interplanetarios.



-¿Qué haremos?

-Nada, ¿qué podemos hacer?

-¡Al niño le hacía tanta ilusión el árbol!

La sirena aulló, y los pasajeros fueron hacia el cohete de Marte. La madre y el padre fueron los últimos en entrar. El niño iba entre ellos, pálido y silencioso.

-Ya se me ocurrirá algo -dijo el padre.

-¿Qué…? -preguntó el niño.

El cohete despegó y se lanzó hacia arriba al espacio oscuro. Lanzó una estela de fuego y dejó atrás la Tierra, un 24 de diciembre de 2052, para dirigirse a un lugar donde no había tiempo, donde no había meses, ni años, ni horas. Los pasajeros durmieron durante el resto del primer “día”. Cerca de medianoche, hora terráquea según sus relojes neoyorquinos, el niño despertó y dijo:

-Quiero mirar por el ojo de buey.

-Todavía no -dijo el padre-. Más tarde.

-Quiero ver dónde estamos y a dónde vamos.

-Espera un poco -dijo el padre.

El padre había estado despierto, volviéndose a un lado y a otro, pensando en la fiesta de Navidad, en los regalos y en el árbol con sus velas blancas que había tenido que dejar en la aduana. Al fin creyó haber encontrado una idea que, si daba resultado, haría que el viaje fuera feliz y maravilloso.

-Hijo mío -dijo-, dentro de medía hora será Navidad.

-Oh -dijo la madre, consternada; había esperado que de algún modo el niño lo olvidaría. El rostro del pequeño se iluminó; le temblaron los labios.

-Sí, ya lo sé. ¿Tendré un regalo? ¿Tendré un árbol? Me lo prometieron.

-Sí, sí. todo eso y mucho más -dijo el padre.

-Pero… -empezó a decir la madre.

-Sí -dijo el padre-. Sí, de veras. Todo eso y más, mucho más. Perdón, un momento. Vuelvo pronto.

Los dejó solos unos veinte minutos. Cuando regresó, sonreía.

-Ya es casi la hora.

-¿Me prestas tu reloj? -preguntó el niño.

El padre le prestó su reloj. El niño lo sostuvo entre los dedos mientras el resto de la hora se extinguía en el fuego, el silencio y el imperceptible movimiento del cohete.

-¡Navidad! ¡Ya es Navidad! ¿Dónde está mi regalo?

-Ven, vamos a verlo -dijo el padre, y tomó al niño de la mano.

Salieron de la cabina, cruzaron el pasillo y subieron por una rampa. La madre los seguía.

-No entiendo.

-Ya lo entenderás -dijo el padre-. Hemos llegado.

Se detuvieron frente a una puerta cerrada que daba a una cabina. El padre llamó tres veces y luego dos, empleando un código. La puerta se abrió, llegó luz desde la cabina, y se oyó un murmullo de voces.

-Entra, hijo.

-Está oscuro.

-No tengas miedo, te llevaré de la mano. Entra, mamá.

Entraron en el cuarto y la puerta se cerró; el cuarto realmente estaba muy oscuro. Ante ellos se abría un inmenso ojo de vidrio, el ojo de buey, una ventana de metro y medio de alto por dos de ancho, por la cual podían ver el espacio. El niño se quedó sin aliento, maravillado. Detrás, el padre y la madre contemplaron el espectáculo, y entonces, en la oscuridad del cuarto, varias personas se pusieron a cantar.

-Feliz Navidad, hijo -dijo el padre.

Resonaron los viejos y familiares villancicos; el niño avanzó lentamente y aplastó la nariz contra el frío vidrio del ojo de buey. Y allí se quedó largo rato, simplemente mirando el espacio, la noche profunda y el resplandor, el resplandor de cien mil millones de maravillosas velas blancas.

FIN










martes, 16 de diciembre de 2025

5 Historias de Navidad (y un extra).






A Paul Auster parece que le pidieron un cuento de Navidad y todo derivó en una historia que a su vez cuenta en este libro. Cumple con lo esperado para estas fechas, algo que inspire, que conmueva, que tenga que ver con el espíritu de regalar/se. Pero lo que realmente me dio curiosidad es que está ilustrado por Isol. Un cuento de Auster ilustrado por nuestra queridísima Isol. Tenía que leerlo. Está publicado por Booket.

Acá lo encontré en una biblioteca digital para que lo conozcan.












Dickens es sinónimo de Navidad y la historia de Scrooge es conocida aunque no lo hayan leído. Esta edición tiene una hermosa ilustración y por eso la puse. Las que yo tengo no están a la altura, tengo dos más modestas (una que compartí estos días en mi IG y que se consigue en los puestos de diarios y que no está nada mal en relación precio/calidad aunque aún no me metí con la traducción). 

La de la foto es una edición de lujo con ilustraciones de Lisa Aisato y traducción de Nuria Salinas. Pero hay más. Les decía que yo vi una ilustrada por Roberto Innocenti que me encantaría tener.

Si aún no lo leyeron "A Christmas Carol", o quieren releerlo lo encuentran aquí .



"Navidades trágicas". Lo volví a leer en estas semanas, de la querida Agatha Christie. Me sorprendió el final (eso que descubrí que ya lo había leído hace un año atrás y me acordaba poco). Ya desde el título nos avisa que lo peor va a ocurrir. Lo interesante, es la relación en esa familia disfuncional, y lo que va desarrollándose poco a poco por debajo. Una investigación de Poirot, en la que creo que no se luce tanto. Pero me gustó releerlo, porque descubrí algo que puedo comentar en mis clases de biología.

 Al inicio la autora le dedica el libro a su cuñado, que parece la acusa que sus crímenes no tienen suficiente sangre, así que se propone algo diferente. Es entonces un crimen de sangre como se insinúa desde el inicio.



Te digo más Un cuento de Roberto Fontanarrosa (el Negro, autor ya fallecido que es un emblema de Rosario). Me lo pasó hace muchos años un alumno por estas fechas y desde entonces me ha acompañado. Es parte de este libro. A diferencia de los demás, es muy local. Y no apela a la sensibilidad, ni a la reunión familiar, ni es inmaculado e impoluto. Es un cuento de humor para Navidad, en contra del capitalismo salvaje, con la impronta del Negro.



Un recuerdo Navideño es un cuento de Truman Capote que descubrí en esta búsqueda.


Descubrí esta edición que me enamoró por la tapa. Pero en realidad lo leí en digital. (se los dejo igual porque me resultó bello). 


Se necesita parte II.

Un extra:

El cuadro que acompaña esta entrada es de Anna Mary Robertson Moses, y se llama “Navidad en Casa”.


La abuela Moses, como conoció a este artista, nació en 1860 y vivió en la época de la Guerra de Secesión y ambas guerras mundiales. Moses fue una de los 10 hijos de un agricultor. A los 12 años de edad fue contratada en una granja, a los veinte años se casó con Tomás Salmón Moisés, que también era un trabajador contratado. Fueron alquilando varias granjas hasta comprar una. Moses y Tomás tuvieron diez hijos, pero cinco de ellos murieron cuando eran bebés.

Comenzó a pintar a sus setenta años, después de que tuvo que abandonar el bordado a causa de su artritis. En 1938, Louis J. Caldor , un coleccionista, descubrió su pintura en un supermercado en Hoosick Falls, Nueva York . En 1939, un distribuidor de arte, Otto Kallir , exhibió algunos de sus trabajos en la Galerie Saint-Etienne en Nueva York. Esto llamó la atención de los coleccionistas de arte de todo el mundo, y sus cuadros se hicieron muy codiciados. Pasó a exponer su trabajo en toda Europa y en Japón , donde su labor fue especialmente bien recibida. Continuó su prolífica producción de pinturas, cuya demanda no disminuiría durante su vida. La abuela Moses pintó sobre todas las escenas de vida rural. Algunas de sus muchas pinturas fueron usadas sobre las cubiertas de las tarjetas de Hallmark.

Falleció el 13 de diciembre de 1961 a los 101 años de edad, pintando hasta el último año de su vida.




sábado, 13 de diciembre de 2025

Te digo más. Roberto Fontanarrosa

 




¿Te conté la del Gordo Luis cuando hizo de Papá Noel? Es mundial la del Gordo Luis cuando hizo de Papá Noel. Casi se convierte en otra víctima del imperialismo salvaje el pobre Gordo. Del colonialismo, por decirlo de otra manera. Porque, decime vos, qué carajo tiene que ver con nosotros y con nuestras costumbres el Papá Noel. ¿Quién le dio chapa al Papá Noel? Un tipo vestido para la nieve, abregado como para ir a la Antártida, en un trineo tirado por renos. ¡Renos, mi querido! ¿Cuándo mierda hemos visto un reno nosotros? ¿Alguna vez te fuiste a Buenos Aires en auto y viste al costado del camino un reno morfando pasto debajo de un árbol?

Pero el pobre Gordo casi la palma con esa historia... ¿No te conté la del Gordo Luis? Porque se la cuento a todos. Fue hace como quince años. El Gordo estaba en la lona total. Pero en la lona lona, ​​​​no tenía un mango partido por la mitad, lo habían despedido de la proveeduría donde laburaba y lo ponías cabeza abajo y no le caía una moneda. Para colmo, se venían las fiestas y algo había que comprar para poner arriba de la mesa el 24 de la noche.

El Gordo tiene dos pibes que eran muy chiquitos en ese entonces ya esa edad a los pendejos no les vas a andar explicando el fato del FMI, la tecnología que reemplaza a los trabajadores y todas esas pelotudeces. La cuestión es que empezó a buscar laburo, alguna changa, cualquier cosa, trabajar de lo que fuera. Primero empezó por su barrio, con los amigos y conocidos, ahí por Mendoza al fondo. Ya después entró a andar por cualquier lado para conseguir algo.

Y resulta que en el barrio Echesortu, una vieja que tenía una casa bastante grande de electrodomésticos le ofrece disfrazarse de Papá Noel y repartir caramelos a los chicos en la puerta para promocionar su negocio. Lo de siempre. Le tiraba unos mangos, por supuesto, que al Gordo le venían bastante bien. Y ahí fue el Luis, che. Ahora, imagina la escena, porque estamos hablando de Rosario, Capital de los Cereales, ubicada a orillas del anchuroso río Paraná. El Gordo Luis, tenés que pensar en un tipo arriba de los cien kilos, fácil fácil debe andar por los 120, porque es alto, grandote, Luis.

Y te digo que resultaba perfecto para Papá Noel porque el Luis es más bueno que Lassie, nunca lo he visto enojado al Gordo, es un pan de Dios. Pero tenés que tener en cuenta una cosa ineludible. Rosario... pleno verano... mediodía, un sol de la puta madre que lo reparió, algo así como 83 grados a la sombra, y ese gordo metido adentro de un traje de Papá Noel con una tela tipo felpa así de gruesa, así de gruesa no te miento, gorro, barba de algodón, bigotes, botas y guantes.

¡Guantes! Porque la vieja era una vieja hinchapelotas, conservadora, que quería que el Gordo se pareciera exactamente a Papá Noel y que se vistiera todo como correspondía, el pobre Gordo. ¿Viste que hay veces en que tipos hacen de Papá Noel pero sin guantes y hasta a veces sin barba, o pendejas jovencitas vestidas de colorado pero con polleritas cortas, tipo minifaldas, y las gambas al aire así están más frescas? Pero claro, el Gordo Luis era perfecto para hacer de Papá Noel y por eso se le ocurrió eso a esa vieja hija de puta. Porque lo vio al Gordo gordo y con esos cachetitos medio colorados que tiene el tipo, el personaje, Santa Claus.

Hasta la voz media ronca tiene Luis... ¿viste que Papá Noel se ríe siempre con esa risa ronca? Jo, jo. Hasta eso tiene Luis, la voz ronca. Jo, jo, jo... Pero vuelve al tema. Doce del mediodía, pleno diciembre, un sol que rajaba la tierra, un calor infernal, los pajaritos que se caían muertos al piso por la canícula, se venían en baranda y se desnucaban contra la vereda... y el Gordo ahí, che, con el traje de lana gruesa, barba y bigote, sacudiendo una campana de papel maché o algo así y dando caramelos a los chicos que se juntaban para verlo.

A los quince minutos, a los quince minutos te juro, el traje del Gordo ya no era colorado... ¿viste que esos trajes son colorado medio clarito? Bueno, era violeta, violeta era, por la transpiración a chorros que largaba el Gordo. Pero no un pedazo, alguna zona del traje, no. Ni tampoco era solamente debajo de los brazos o arriba de la zapán que es donde uno transpira más, no.

Era todo, completo, íntegro. Al Gordo le corrían ríos de sudor sobre la piel, ríos, torrentes que le empapaban acá, acá, acá, las ingles, las pelotas, las pantorrillas, ríos que le inundaban las botas, por ejemplo. Me contaba después –porque todo esto me lo contó él mismo- que sentía las botas llenas de agua, como si las hubiera metido en un balde de agua caliente, le chapoteaban. Todo alrededor, no te miento, todo alrededor, en el piso, en un diámetro de ocho metros más o menos en torno al Gordo, parecía que habían baldeado. Toda la vereda mojada, de lo que chivaba el Gordo, se le saltaban los goterones de la cabeza, parecían las Aguas Danzantes el Gordo, imagina.

Te digo que era ya un espectáculo grotesco, lamentable, pero Luis le seguía metiendo voluntad, le ponía ganas, caminaba de un lado al otro, se reía, llamaba a los chicos. En eso, una vecina, una vieja de esas que nunca faltan, que están al reverendo pedo como bocina de avión, que vivía a unas dos puertas del negocio de electrodomésticos, venta a la puerta y lo ve al Gordo. O escuchó el griterío de los chicos y salió a ver que pasaba. Lo ve al Gordo y se apiada de él... ¿Viste? Esas viejas comedias, bienintencionadas, chuecas, que caminan medio encorvadas, que les cuesta moverse pero que rompen las pelotas permanentemente, un cuete la vieja, una ladilla.

Se manda para adentro de nueva la vieja, flaquita ¿viste? Bajita, canosa con un rodete y aparece al rato con una jarra así de grande, pero así de grande, con un líquido amarillento que parecía limonada, lleno de hielo.

Transpiraba de fría la jarra. Y se la ofrece al Gordo, che.El Gordo medio le dice que no, que no se hubiera molestado, que no puede desatender su trabajo pero, en definitiva, la acepta, lógicamente.

Además, los hijos de mil putas del negocio de electrodomésticos no le habían alcanzado ni un vaso de agua al Gordo. ¡Ni un vaso de agua ni siquiera! Después hablan de los norteamericanos. Nosotros somos tan hijos de puta como ellos para explotar a la gente. Lo que pasaba también es que a esa hora había quedado un solo encargado en el negocio. La vieja que contrató a Luis tenía como cinco negocios por otras partes de la ciudad y andaba de recorrida; y el otro empleado que laburaba ahí se había quedado en el fondo del local, rascándose las bolas debajo del único ventilador de techo que tenían esos miserables.

La cuestión es que la vecina saca un banquito chiquito a la calle, lo deja al lado de la puerta de su casa, medio sobre el umbral para que no le diera el sol directo, le dice a Luis “Aquí se lo dejo”, y ahí se lo deja. limonada, boludo, no era limonada. Era vino blanco, vino blanco era. La vieja le había zampado en la jarra un par de botellas de vino blanco, le había metido hielo a rolete y se lo había dejado ahí, con las mejores intenciones.

El Gordo, con la desesperación, con el calor que tenía en el cuerpo, recién se dio cuenta cuando ya se había mandado más de catorce litros sin respirar, de un saque. Y aparte, seamos sinceros, cuando ya se dio cuenta no pudo parar, no pudo parar. Te estoy hablando de un muchacho de 120 kilos después de estar moviéndose casi tres horas a pleno sol con 4000 grados de temperatura. No pudo parar. Se mandó todo el vino blanco. Fondo blanco.

Bueno, te imaginarás... te imaginarás el pedo típico que se levantó ese muchacho. Una curda inmediata y espantosa, demencial. Una curda como para trescientas personas. Casi no había desayunado, estaba sin almorzar, para colmo, el Gordo no era un tipo que tomara mucho alcohol, al menos que yo recuerde. Un poco de vino con la cena, nada más. Alguna copita de sidra. O a veces, en los bailes, alguno de esos tragos maricones como el gin tonic, pero con mucha más agua tónica que otra cosa.

¡El pedo que se agarró ese muchacho, Dios querido, el pedo que se agarró! No te digo que empezó a cantar boludeces, ni a caminar torcido, ni a vomitar contra las paredes, ni nada de eso. Pero entró a regalar todo lo que tenía a su alcance, se le dio por la beneficencia, le dio un ataque de comunismo acelerado. Primero terminó en cinco minutos con la existencia de caramelos y chocolates que eran para toda la tarde...¡Y después empezó a regalar los electrodomésticos! Empezó regalándole una tostadora eléctrica a un pendejo. Después le regaló un ventilador a la madre de otro de los pibes, después siguió con multiprocesadoras, veladores, hornos a microondas, etcétera...Llamaba a la gente a los gritos, entraba al negocio y les daba algo, repartía, entregaba todo. Y el empleado que se rascaba las bolas adentro del negocio ni se dio cuenta, debía estar en el fondo, en una oficinita que estaba detrás, arreglando papeles o apolillando una siesta mientras esperaba la hora en que el patrón llegaba.

Lo cierto es que, te imaginás, a los quince minutos en la puerta del negocio había un mundo de gente que venía de todas partes alertada por los otros que ya habían ligado algo de arribeño, por la mamúa del Gordo. La gente pensaba que era una promoción del negocio o, en todo caso, se hacía la turra, cazaba los artefactos, se los llevaba ya otra cosa mariposa, si te he visto no me acuerdo, andá a cantarle a Gardel. un pelado con cara de amargo que llegó en su auto, un coche nuevo. Y cuando el tipo se dio cuenta de lo que estaba pasando se puso loco, lógicamente se puso loco. Entró a gritar, a arrebatarles las cosas a la gente, a recuperar licuadoras, televisores portátiles, radios que la gente se llevaba. A los gritos ese hombre, desesperado, tironeando con los beneficiados.

Ante el despelote se despertó el empleado de adentro y salió cagando aceite a ayudar al pelado. Había tironeos, forcejeos, agarrones, hasta voló algún puñete. Y en eso llegó la caña, un patrullero que andaba de ronda.
En el despelote, cuando medio se enteró de cómo había venido la mano por lo que contaban los que se piraban con las licuadoras y todo eso, que gritaban que Papá Noel se las regalaba, el pelado les indicó a los policías que lo metieran en cana al Gordo, responsable de todo ese quilombo.
Y bien dice el Martín Fierro que no hay nada como el peligro para refrescar a un mamado. Ahí el Gordo se despejó, se dio cuenta, volvió a la realidad, se esclareció el Gordo.

Además, ya había vuelto a transpirar como un litro de vino blanco, me imagino, se había aliviado un poco de la tranca, y comprendió la cagada que se había mandado. Pero te conté que es un tipo manso, un tipo tranquilo que no se iba a poner a resistirse oa echarle la culpa a nadie. Supo que tenía la culpa, y entonces, todavía medio tambaleante, bajó la sabia, se fue para adentro del negocio para cambiarse la ropa en el baño y meterse, derechito viejo, solito, adentro del patrullero.

Afuera siguió el desbole entre el pelado, su empleado, la gente y los canas que ahora también se habían unido a la tarea de recuperar todo lo que había regalado el Gordo.

El Gordo se fue al baño, se mojó la cara, cosa que terminó de despejarlo, se sacó esas pilchas de mierda de Papá Noel, se puso la ropa que había llevado en un bolso y salió de nuevo a la calle.

Cuando salía para la calle –el negocio es bastante largo- lo ve venir al dueño con uno de los canas, desencajado el pelado, a las puteadas, buscándolo. Claro, lo ve al Gordo, sin el traje colorado, de camisita celeste y pantalones vaqueros, un bolso en la mano, el pelo negro achatado por el agua de la canilla, y no lo reconoce.

No lo reconoce porque tampoco era él quien lo había contratado sino la conchuda de su esposa. "¿Adónde está? ¿Adónde está?" Me contaba el Gordo que preguntaba el pelado, que venía a los pedos con el policía. Y el Gordo pensó que se refería al traje de Papá Noel que se había sacado.
Yo no sé si el Gordo lo entendió así, seguía en curda o se hizo bien el boludo, la cosa es que señaló hacia el baño y el pelado y el policía se mandaron para allí. Cuando el Gordo salió a la calle todavía había un amontonamiento de gente y el otro empleado discutía con medio mundo reclamando facturas o recibos de compra.

Nadie lo reconoció entonces al Gordo, sin el disfraz. Incluso de última, el otro policía del patrullero que se había quedado afuera, lo encara al Gordo cuando el Gordo ya se piraba y el Gordo piensa: “Cagamos”. Y el cana le pregunta “¿Ese bolso es suyo?”. El Gordo me contó que él le iba a decir la verdad, que sí, que era suyo.

Pero tuvo miedo de que el cana le hiciera más preguntas, o que se lo hiciera abrir y le dijo: “No, lo vengo a devolver”. Y se lo entregó, un bolso de mierda que después de todo a él no le servía para un carajo. El Gordo se piró haciéndose el pelotudo, temeroso todavía de que alguien lo reconociese y lo mandara en cana cuando ya estaba a una cuadra.

Casi termina preso, el Gordo, mira vos. Zafó porque la vieja que lo contrató tampoco sabía ni cómo se llamaba ni dónde vivía. Era un contrato basura, pero realmente basura el del pobre Gordo. Pero casi termina engayolado. Por tener que disfrazarse de Papá Noel con esos vestidos de invierno, podrías creer. Que los argentinos nos tengamos que vestir con ropa de abrigo en pleno verano porque a los yankis se les ocurrió que Santa Claus vende más que el Niñito Dios. Eso le dijo yo al Gordo, después, en el club.

"El año que viene ofrecete para algún pesebre, Gordo. Por lo menos de Niño Dios te ponen en bolas en una cunita y te cagás de risa porque estás fresco". Eso le decía yo, para joderlo.

“De lo único que puedo hacer yo en un pesebre viviente es de vaca, Zurdo –me decía el Gordo– De vaca”. Pero por lo menos es un animal conocido, ¿no es cierto? Un bicho familiar al paisaje, el rumiante emblemático de la pampa húmeda, base de la riqueza de nuestro país. Algo nuestro... ¡Qué me vienen con que a los chicos les gusta Papá Noel, el trineo y los alces esos! Si mis pibes me vienen a pedir un alce de ésos les pongo tal voleo en el orto que aterrizan más allá de la Circunvalación del voleo que les pego, tenelo por seguro.

Ya bastante que el otro día les compré un conejo, un conejo de verdad, que es terriblemente pelotudo y lo único que hace es comer lechuga y cagarnos todo el patio. Y si me insisten con esas pelotudeces inventadas por los yankis que se vayan a vivir a Cincinnati, pendejos colonizados de mierda. Que a mí no me dicen el Zurdo al pedo, me lo dicen por tener una formación doctrinaria... ¡Pobre Gordo! Estuvo a punto de convertirse en una nueva víctima del capitalismo salvaje.

miércoles, 10 de diciembre de 2025

Materiales de descarga gratuita para mediadoras de lectura, bibliotecarias, docentes (parte I)




En este recorrido navideño, en este dar, y también recibir. Les dejo en esta entrada algunos materiales que podrían ser de utilidad y que se pueden descargar y circular en forma libre.

Textos sobre mediación literaria y promoción lectora.

La biblioteca del Perú, tiene varios materiales digitales de libre descarga. Les recomiendo explorar.

Textos sobre bibliotecas, literatura, imaginación.



Como hacer una Biblioteca Humana. Ramón Salabarría .





Mediación cultural en emergencias.  CERLAC


El vuelo y el pájaro o cómo acercarse a la poesía.
Les comparto este bello texto que me inspiró para preparar algunos talleres de poesía








Textos sobre lectura en la primera infancia 



Textos, materiales de lectura. Conferencias grabadas

https://www.educ.ar/recursos/123487/lecturas-grabadas Este material en la página de Educar es de una calidad exquisita. Reúne lecturas de cuidada selección grabadas por profesionales.


También en la página de Educ.ar Crecer en poesía. Una colección de poemas para leer y compartir agrupados por edades. Poesía para deleitarse.





Libros y casas. Un programa dependiente de la Secretaría de Cultura de la Nación que acercaba lecturas en Argentina. Los materiales están disponibles aquí

https://librosycasas.cultura.gob.ar/biblioteca-digital-accesible/

Aquí  por ejemplo un seleccionado de poemas que disfruto. Animales rimados y no tanto.





Cocorobé: Cantos y arrullos del pacífico colombiano https://coleccionesdigitales.biblored.gov.co/items/show/156 (nanas y arrullos de la literatura oral) 



Materiales audiovisuales



Podemos escuchar a estas personas queridas. No se lo pierdan




LIJPE 2021 






Podcast (algunos están en video también)


Autobiografías lectoras  Una producción de Seminario LIJPE

Voces de escritoras, mediadoras, editoras y gente querida.

El paraguas podcast Tres voces de mediadoras entrevistando y hablando de LIJ  Zully Pardo, Marcela Escovar y Lina Rojas Narváez


Seguimos en la parte II. Me dicen por favor si descubren algo que les interesó o les ayudó, y seguimos explorando.  Formarse es una tarea diaria.

Hasta la próxima